Paulina Culum, lideresa de la organización sololateca Estrellas Tz’utujiles, comenta que la vida de ellas transcurre entre los quehaceres de la casa, el cuidado de los hijos y el trabajo, que puede ser en la organización o en el campo. Sus satisfacciones, placeres y gustos están ubicados en esos ámbitos.
Éstas son algunas cosas que satisfacen a las mujeres rurales. Quizá algunas tareas coincidan con lo que en general las mujeres hacemos y reconocemos como satisfactorias para nosotras. Las adultas relacionan los placeres con el cuidado de los otros, mientras las más jóvenes con el esparcimiento y el ocio.
Paulina Culum, lideresa de la organización sololateca Estrellas Tz’utujiles, comenta que la vida de ellas transcurre entre los quehaceres de la casa, el cuidado de los hijos y el trabajo, que puede ser en la organización o en el campo. Sus satisfacciones, placeres y gustos están ubicados en esos ámbitos.
La entrevistada, quien se reivindica como mujer maya, dice que se siente satisfecha cuando junta el fuego muy temprano de la mañana, pone agua para el café y, junto a su jarra, el comal para echar las tortillas.
Aunque muchas tareas son cargas, como levantarse temprano, ir al molino o lavar ropa, hay cosas que disfrutan. Tienen muy poco tiempo libre como para pensar en salir a caminar o simplemente descansar. En el caso de Paulina, saber que está enseñando a sus hijos varones los quehaceres de la casa y sentarse a la mesa a conversar con ellos para contar historias o hablarles de su experiencia como lideresa, le causa gran gusto.
Satisfacer la demanda de alimentos de las hijas e hijos está relacionado no sólo con sus luchas, sino con sus alegrías. La vida en el campo guatemalteco se ha convertido en un acto de sobrevivencia debido a la falta de recursos como la tierra, herramientas y dinero para poder producir y con ello cuidar de sí y de la familia. Si no hay qué comer no hay tranquilidad. Por eso trabajar la tierra permite darle vida a la familia. Siembras hoy y estás segura que tienes comida para mañana. Todo esto lo comentan campesinas.
Trabajar para obtener recursos, mejor si es haciendo lo que les gusta, es otra manera de obtener tranquilidad, asegura Elena de Paz Cobo, lideresa de la Asociación Kumool: “Me siento tranquila porque tengo un trabajo en el que estoy poniendo en práctica lo que aprendí durante la guerra y también tengo algunos recursos para mi familia”.
A Catarina Pérez, de la comunidad Asaq’, en San Ildefonso Ixtahuacán, Huehuetenango, le gusta sembrar hortalizas para comer, se siente feliz cuando termina de tejer alguna pieza, al igual que cuando da comida a sus animalitos o después de obtener “frutos” de su trabajo.
Para las más jóvenes la historia es un poco distinta, en especial si han ido a la escuela. Algunas identifican sus gustos y placeres al poner en práctica en la comunidad los conocimientos de sus estudios como maestras, enfermeras o promotoras de salud. Además de ver esta parte, visualizan el esparcimiento. Salir a pasear, tener tiempo libre, escuchar música, dormir, dibujar, pintar o compartir con las amigas, opinan María Guadalupe Domingo, Catarina Ramírez y María Morales, de Asaq’.
Hay algo en común entre todas estas mujeres, algo con lo que definitivamente sienten gusto y felicidad: participar en espacios políticos, organizar a mujeres y ser lideresas de la comunidad en la que viven.