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Protestas y activismo | 05.02.2008
Una histórica marcha contra el secuestro
Por El Espectador
Lo que comenzó como una convocatoria a través de internet para que la gente rechazara las acciones de los violentos, terminó en la mayor movilización del país con una misma consigna: No al secuestro.
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Sin embargo, la iniciativa de un ingeniero costeño fue ganando adeptos de manera acelerada y aunque muchos ni siquiera sabían qué es eso del Facebook sí tenían claro que en la movilización de este cuatro de febrero le exigirían a los violentos el fin de una guerra de más de 40 años y de unos de los delitos más aberrantes: El secuestro.

El hastío por un conflicto al que ninguno está dispuesto a darle un hijo más hizo que millones de colombianos se lanzarán a las calles masivamente a sentar su voz de protesta contra la violencia y para pedir la liberación incondicional e inmediata de los secuestrados.

Las marchas de Tokio (Japón), Melbourne y Sydney (Australia), que se realizaron el domingo, fueron tan sólo el preámbulo de las marchas y movilizaciones de millares de nacionales y extranjeros que este lunes invadieron los parques, plazas y avenidas de más de 200 ciudades de Colombia y del mundo.

Nacionales y extranjeros residentes en el país, así como los colombianos que viven en diversos lugares del mundo se unieron en una sola voz y envueltos entre camisetas blancas, banderas de Colombia y pancartas dejaron claro que lo único que quieren es vivir en paz.

Aunque la cita era para las doce del día, desde las diez de la mañana miles de personas se alistaban para tomarse las calles de ciudades y pueblos y con pitos, tambores, y cantos en los que exigían el regreso a casa de todos los secuestrados y el fin de las acciones violentas.

A las 10 y 30 de la mañana cientos de personas empezaron a marchar en las grandes ciudades y en las calles la gente se confundía entre pitos, cánticos y consignas diferentes pero todas con el mismo mensaje: No más.

Hombres, mujeres, niños, jóvenes, ancianos, estudiantes, ejecutivos, mensajeros, empleados, religiosos, blancos, negros, mestizos se tomaron el territorio nacional de manera tan apremiante que evidenciaron que el epílogo de un conflicto que ha dejado miles de muertos, secuestrados, desplazados, desaparecidos, huérfanos, viudas es urgente.

Una hora después de que el panorama se pintara de blanco, amarillo, azul y rojo, los corredores viales de las urbes habían colapsado de tal manera que no quedaron más opciones que bajarse de los carros y unirse a la movilización o aguardar a que todo terminara para poder seguir su camino.

Pese a que en los días previos había corrido el rumor de que la movilización había polarizado al país y de que había perdido su sentido, los colombianos demostraron que más allá de sus heterogéneas visiones políticas y sociales el país tiene un único clamor: la paz.

La capital del país se convirtió en el epicentro de la movilización. Pasadas las diez y media de la mañana la carrera séptima paso de ser la vía más tradicional de Bogotá a convertirse en el canal por donde un río humano buscaba la Plaza de Bolívar para concentrar en un solo lugar su clamor de paz y libertad.

En la multitud, que era bañada de papel picado que varias personas lanzaban desde los pisos altos de los edificios del centro de la ciudad, se colaron los vendedores ambulantes de pitos, agua, camisetas, gorras, banderas y diversos souvenir que la gente compraba para expresar su rechazo a los violentos y para ratificar que, como decía uno de estos comerciantes informales, debemos contribuir con la paz.

Los mensajes y las consignas que se oían eran tan diversos como el ritmo al que marchaba cada caminante, pues mientras Juan, un joven universitario, tardó 25 minutos en ir del Parque Nacional a la Plaza de Bolívar; doña Ana Julieta, una abuela de 82 años lo hizo en una hora; pero como decía ella “lo importante es que sepan que queremos paz”.

Y pareciera que ese era el pensamiento de todos. Aunque en unas camisetas se leía “No más secuestros, no más mentiras, no más Farc”, en otras se leía “libérenlos sin condiciones” y en algunas más “Colombia soy yo”, al final millones de colombianos se unieron en un solo grito. “Libertad, Libertad, Libertad”, mientras soltaban globos de diversos colores.
La invitación que empezó el 4 de enero pasado a través de la red de redes parecía destinada a terminar en el hoyo negro del correo basura, donde se diluyen miles de invitaciones que reciben los internautas.

En las principales capitales del país millones de ciudadanos se manifestaron en contra de los violentos. Más de 500.000 personas se movilizaron en Medellín e igual número en Cali, según los primeros cálculos no oficiales.

En ciudades del interior del país cientos de colombianos también se congregaron en plazas y aunque en años anteriores, Colombia ha protagonizado marchas por la paz y contra el secuestro, la jornada de este lunes pareció ser una de las mayores que reunía personas dentro y fuera del país.

Actos a favor de la paz y por el intercambio humanitario fueron los protagonistas de este día en todos los rincones del país. En San Vicente del Caguán, en el departamento de Caquetá, unas 200 personas se congregaron temprano en la plaza del pueblo para pedir paz y el fin del secuestro.
Fuente: Editor voluntario Colombia
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