Por
Juan Félix Castro Soto Pastoral Social, Diócesis de Tilarán
Las luchas por agua que comienzan a dar algunas comunidades en nuestro país despuntan los albores de una trágica premonición, que adquiere materialidad y vigencia conforme la escasez se convierte en acontecimiento cada día más cotidiano.
El desarrollo vertiginoso con que avanza la contaminación y el deterioro de los recursos naturales, constituyen los motivos por los cuales mucha del agua que el país conserva, una se contamine y otra escasee.
Encima de esto, prevalece un modelo de desarrollo que lejos de operar inspirado en principios de conservación y preservación de la vida, avanza y se desenvuelve al amparo de una lógica de consumo cuya voracidad es tan macabra, que remite a aquella imagen grotesca representada en el cuadro de Goya, en el cual el Dios Saturno devora a sus propios hijos.
Desde el punto de vista del mercado, las superficies naturales donde el agua descansa, no son sino vistos por los mercaderes del nuevo orden mundial, como escaparates naturales en el gran almacén global, creado por el modelo económico que impulsa. Al igual que cualquier otro producto sometido a la ley de la oferta y la demanda, se pretende ofrecer el agua al mejor postor: solo quien paga puede consumirla. La connotación mítica del agua que transforma las lagunas en espejos, que permite el arrullo de los ríos, que hace posible experimentar la tranquilidad de su mansedumbre o la fascinación del misterio de las profundidades, son suprimidas por un sistema de nuevos significados que rodean al objeto mercancía. Tales significados se agrupan en dos ámbitos: los temores asociados a la escasez y, por otra parte, las expectativas emparentadas con el lucro.
Es decir, en el primer caso las comunidades, en el segundo todos los mercaderes. Como testigos de dichos argumentos, los vecinos de Sardinal de Guanacaste se enfrentan a la posibilidad de verse obligados a entregar el agua de su comunidad a un grupo de 24 desarrolladores, aliados con el Director Ejecutivo de AyA, el señor Ricardo Sancho. En palabras de un abogado pagado por una Comisión Mixta de esta población, fue elaborado por los desarrolladores un documento con carácter de Fideicomiso, el cual otorga potestad a estos sobre las decisiones en torno a este líquido preciado. Según señaló el abogado en su exposición, hecha ante sesión extraordinaria de la Municipalidad de Carrillo pero efectuada en dicha comunidad, el comité de fideicomisarios puede influir directamente en la decisión de negar o conceder pajas de agua a quienes las soliciten. Así mismo, fue enfático el abogado señalando que ninguno de los fideicomisarios pertenece a ninguna organización comunal activa, tampoco ninguno forma parte de la Asociación de Desarrollo ni de la Municipalidad, menos del AyA. Siendo además desconocedores de esa realidad comunitaria.
Según se dijo, de ejecutarse el proyecto, en los términos así establecidos, las posibilidades de tramitar pajas de agua, en un futuro inminente, pasarán por las consideraciones de lucro sobre las cuales decidirán unos pocos, en torno a un derecho cuya decisión corresponde legítimamente a todas y todos los sardinaleños.