Si los guerrilleros presos en las cárceles colombianas se niegan a ser canjeados por los políticos, soldados, policías y los estadounidenses en poder de las FARC, ¿qué sentido tiene impulsar un intercambio humanitario?
Esa es la consideración que hay detrás del movimiento Manos por la paz al que ya se habrían adherido más de 600 detenidos en las cárceles La Picota, de Bogotá; Bellavista de Medellín; Cómbita, en Boyacá y en otros lugares del país. Ellos firmaron y estamparon su huella en un formulario en el que expresan su voluntad de renunciar a la militancia para reincorporarse a la vida civil.